Psicología

Evita el autoengaño

Muchas veces atribuimos a los demás nuestros propios errores y aspectos de nosotros que no nos gustan, aprende a corregir el autoengaño.

Uno de los mecanismos psicológicos más desconcertantes, pero habituales, consiste en atribuir a los demás nuestros propios errores o aquellos aspectos de nosotros mismos que no nos gustan. Te damos algunas claves para detectar y corregir este autoengaño:

Luis llega tarde a su cita con Esther y, para justificarse ante ella, achaca la tardanza a la impuntualidad de los demás. Raquel afirma, ante todo aquel que quiera oírla, que no soporta a la gente que critica a los otros. María reprende a su hija cada vez que comete la “insoportable torpeza” de dejar caer algo de su mano.

“Si profundizamos un poco en estos tres casos, descubriremos que Luis atribuye a otras personas su propia falta de puntualidad, que Raquel está haciendo precisamente lo que afirma detestar en la gente, y que María considera torpe a su hija porque así la “etiquetaron” sus padres a ella misma cuando era pequeña”, señala la psicóloga clínica Mariángeles Barja.

“Estas tres personas se autoengañan al proyectar en los demás sus propios fallos o sombras de su personalidad, trasladan la atención a la conducta ajena, sin darse cuenta ni reconocer que están proyectando en otras persona sus propios errores o zonas oscuras”, señala la experta y máster en psicoanálisis.

Cuando nos proyectamos en los demás

Según Barja “es lo que en Psicología se denomina proyección: un mecanismo de defensa de la mente que la sabiduría popular sintetiza en frases como “quien tiene un martillo en la cabeza no ve más que clavos” o “ve la paja en el ojo ajeno sin ver la viga en el propio”, o que reflejan chistes que circulan, como “Ponte el abrigo que tengo frío”.

“Todos rechazamos alguna parte nuestra que no nos gusta, en la proyección encontramos un camino rápido y sutil para esconder esas actitudes o rasgos que consideramos incorrectos. Al culpar a los demás en lugar de reconocer nuestras imperfecciones y carencias, nuestro ego se mantiene a salvo”, explica Barja.

Según la psicóloga clínica “la proyección consiste en atribuir los defectos, dudas, miedos o emociones propias a otra persona. Este mecanismo defensivo tan común, además de causar problemas en las relaciones, es muy difícil de detectar al ser inconsciente para quien proyecta y quien sufre la proyección”.

“Todos hemos proyectado nuestros miedos alguna vez, porque nos sentimos culpables o inseguros con nosotros mismos. Los celos son ejemplo de este mecanismo”, señala.

Debemos aceptarnos como somos

Para evitar o, al menos reducir la necesidad inconsciente de proyectarse en los demás, Barja aconseja “reconocernos como somos, con nuestros defectos y carencias, sabiendo que nadie es perfecto ni absolutamente correcto; eso supone un gran alivio”.

“Para lograrlo es imprescindible querernos y aceptarnos tal cual somos, dejar de mirar tanto al otro y ocuparnos más de nosotros mismos, ya que cuando nos protegernos y nos respetamos desaparece la necesidad de reclamar la atención ajena”, señala.

Para explicar el mecanismo de las proyecciones, el doctor mexicano Pedro Cortines Hernández, médico especializado en psicoterapias psicoanalítica y humanista, recurre a un pasaje del Evangelio de San Juan, en el que un grupo de personas preguntan a Jesús si debe aplicarse a una mujer sorprendida en flagrante adulterio la Ley de Moisés que ordena matarla a pedradas.

Como ellos insistían en preguntar, Jesús les espetó una de sus enseñanzas más célebres y perdurables: “Aquel de ustedes que no tenga pecado, que le arroje la primera piedra”.

No juzgues a los demás

Según el doctor Cortines Hernández esto es “un ejemplo de un intento de juzgar, criticar y castigar en el otro lo que  proyectamos”, mientras que la respuesta de Cristo ejemplifica “una intervención terapéutica destinada a la toma de conciencia” de dicha proyección.

“Podemos darnos cuenta como Jesús confrontó a un grupo de gente con sus proyecciones grupales. Desde el punto de vista psicológico rompió el mecanismo proyectivo grupal para que tomaran conciencia de sus propios contenidos”, señala el psicoterapeuta, en su curso “Autoestima. Proyección psicológica”.

Según el psicoterapeuta y psicólogo clínico Fidel Sanz Estaire, miembro del equipo del Gabinete “Psicólogos en Madrid” los mecanismos de defensa del Yo son estrategias, a menudo inconscientes, cuya función es la de preservar la intimidad y la auto-imagen”.

“La paradoja de los mecanismos de defensa es que, aunque su uso es protector, consiguen que la conciencia se estreche y se imposibilite un mayor conocimiento de la persona o se busquen otras estrategias creativas de actuación”, explica Sanz.

Nos protegemos de lo inaceptable

Según la psicología del Yo los mecanismos de defensa pueden ser clasificados según cuatro criterios: Narcisistas, neuróticos, maduros e inmaduros.

“La proyección, consistente en colocar en el otro lo que en realidad es propio hecho, es uno de los tres mecanismos narcisistas, junto con la negación (se trata de desconfirmar directamente una realidad que resulta obvia) y la distorsión (atribuirse cualidades exageradas a uno mismo o a los demás)”; señala el psicoterapeuta.

De acuerdo al experto de “Psicólogos en Madrid’, “los mecanismos de defensa son estrategias para interrumpir el curso de las vivencias presentes y los sentimientos asociados a estas vivencias”.

“La naturaleza parece haber dispuesto diferentes maneras para proteger el organismo de lo inaceptable, como cuando nos tapamos los oídos ante un estridente ruido. De la misma manera, protegemos nuestra emocionalidad frente a lo desagradable, como cuando no queremos reconocer algún aspecto de nosotros mismos que fisura el autoconcepto que nos habíamos construido”, añade Sanz.

Según este psicólogo clínico, “la psicoterapia Gestalt propuso técnicas para promover la integración de esas zonas de nosotros mismos que no queremos ver, a menudo asociadas a emociones de las denominadas negativas, como la ira, la frustración, la envidia”.

“En el momento crítico en el que la emoción va a aparecer usamos el mecanismo de defensa que nos desconecta del sentimiento, el pensamiento, el deseo y nos marchamos del presente, nos dormimos, intelectualizamos, fantaseamos, y rápidamente acude a ayudarnos la neurosis salvadora”, explica Sanz.

“Debido a la automatización de los mecanismos de defensa resulta difícil abandonar el hábito de su uso, pese a que como contrapartida nos congelen en el tiempo en referencia a ciertos aspectos madurativos”, finaliza el experto.

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