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Estudiante mexicana cuenta cómo se vive el Brexit en Londres

Estoy en Londres desde septiembre pasado. Hace un año gané una beca para estudiar una maestría o masters degree en Publishing, en el London College of Communication, parte de la University of the Arts London.

La misma universidad, en convenio con ISH (International Students House), la residencia en donde vivo, me otorgó la beca. Estas dos instituciones son un reflejo de la ciudad en general: un mosaico sociocultural, cosmopolita y diverso. No es cosa rara ver personas tan distintas entre sí como sus países de origen, o escuchar un sinfín de lenguas (además del inglés) mezclarse en el bullicio del underground o de los supermercados. En mi propio grupo escolar, menos de un cuarto son británicos, cuatro de quince. El resto proviene (provenimos) del resto de Europa, de las Américas y de Asia. Así, en un background tan heterogéneo, que ha tenido lugar desde hace tanto tiempo, es difícil imaginar que alguien piense siquiera en conceptos complicados y controvertidos como “raza pura” y “derechos de suelo”.

El pasado viernes 24 de junio me desperté con la increíble (y no en el mejor de los sentidos) noticia de que el 51.9% de los británicos que habían votado en el referéndum que cuestionaba si debían o no seguir siendo parte de la Unión Europea (UE) prefirieron la segunda opción: la de abandonarla. Fue increíble porque jamás imaginé que tal escenario se presentaría. Sobre todo porque todas las personas con las que había hablado (y que, por supuesto, tenían derecho a voto) habían declarado su apoyo a permanecer en la UE. Sin embargo, la realidad se había opuesto a lo que yo creía que sucedería, a pesar de que en Londres, como en Escocia y en Irlanda del Norte, la mayoría se inclinó por el voto de la permanencia.

El 51.9% de los británicos que habían votado en el referéndum que cuestionaba si debían o no seguir siendo parte de la Unión Europea (UE) prefirieron la segunda opción: la de abandonarla.

Hasta la fecha, a un poco más de diez días del resultado, la cadena de reacciones ha pasado por varias etapas: la incredulidad, la sorpresa, la vergüenza (de muchos ciudadanos británicos), la molestia y la preocupación (de ciudadanos británicos y europeos por igual), las protestas y manifestaciones, las burlas, algunos desafortunados episodios racistas en el Reino Unido llevados a cabo por gente ignorante, el arrepentimiento y, más recientemente, la renuncia de Nigel Farage, el mayor promotor de la campaña Brexit, como líder de UKIP, el partido ultranacionalista que, por supuesto, se encargó de llevarla a cabo.

Esto, en conjunto con previas declaraciones del mismo Farage poco después de haber ganado (como decir, por ejemplo, que la promesa de destinar el dinero que ya no invertirían en la UE al sistema público de salud había sido “un error”), deja en la incertidumbre a los británicos, pues es una forma de “lavarse las manos” y hacerse el desentendido de una situación que, hasta cierto punto, él mismo alentó. Por lo pronto, a pesar de que la UE espera que el proceso comience lo más pronto posible, todo parece indicar que no será así y que el Parlamento británico demorará la decisión hasta donde se pueda.

«Cualquiera que no sea (o no luzca) británico, puede ser el blanco de ataques racistas por parte de la gente que equivocadamente cree que ahora, gracias al resultado del referéndum, este tipo de actos son socialmente aceptados».

Como ciudadana mexicana, con visa de estudiante y becada por una universidad británica, mi situación, por el momento, no se verá afectada en gran medida y seguirá como hasta ahora ha sido. Lo único que mencionaría, en cualquier caso, son los aspectos financiero y social, hasta cierto punto. El primero, porque la libra, al desplomarse a causa del fenómeno Brexit, afectó, como era de esperarse, al peso. Y aunque quizá no sea mucha la diferencia, lo mejor sería que mis gastos fueran más moderados si no quiero verme muy apretada económicamente. El segundo porque, potencial y desgraciadamente, cualquiera que no sea (o no luzca) británico, puede ser el blanco de ataques racistas por parte de la gente que equivocadamente cree que ahora, gracias al resultado del referéndum, este tipo de actos son socialmente aceptados.

No obstante, apelo a la sensatez de la mayoría de los ciudadanos británicos y pienso (pero, sobre todo, espero) que ni yo, ni nadie en condiciones similares a la mía, tendrá mayores problemas y seguirá con sus vidas como hasta ahora… Si la separación se hace oficial, los cambios, sobre todo económicos, empezarán a notarse en un par años. Los sociales, triste y posiblemente, ocurran desde antes.

Twitter de la autora: @cristinasirena