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Especial NoMo

Los hombres también son “childfree”

“Yo veo un futuro con una sociedad de ancianos sin familia, organizados, felices y libres de las estructuras familiares que generan dependencias tóxicas. Seremos viejos que eligieron sus propias familias entre los amigos, y estaremos organizados en comunas, sin depender de que un hijo nos cuide porque decidimos no tenerlos”, sentencia Ashauri López, de 28 años, músico, escritor y soltero.

Sería muy arriesgado sostener que los hombres mexicanos no quieren tener hijos, y que es una generalidad, pero un grupo de varones entrevistados para este reportaje, algunos parejas de las mujeres que se identifican como NoMo, afirman que en las generaciones jóvenes, por lo menos en sus entornos, predomina la no paternidad. Para Ashauri, los hijos han sido una solución egocéntrica y una “agarredera existencial”, una forma de plegarse a lo que suponen les dará, dice, posteridad.

Christobal Martínez, de 26 años, músico, y en una relación de unión libre con una NoMo, afirma que tener hijos otorga estatus social, es “como ascender una posición en la escala social que da prestigio”, y lo peor, apunta, la gente justifica que es algo que la vida “otorga de manera sorpresiva”.

«Es hora de aceptar que ser hombre tiene otras connotaciones, y que la trascendencia no la dan los hijos».

Christobal cuestiona que su masculinidad tenga que medirse a partir de “dar vida”, y demostrar que para eso es hombre y, por tanto, debe someterse a los roles de género.

A diferencia de las mujeres NoMo, estos hombres sí le dan mayor importancia (aunque tal vez no de manera prioritaria) al tema económico. Nelson Arteaga, sociólogo, divorciado, y de 46 años, decidió a los 19 años no procrear, luego de ver que su hermano mayor embarazó a su novia y su padre se tuvo que hacer cargo de la manutención de la pareja, lo que mermó la calidad de vida de la familia. “Me he mantenido fiel a mi decisión y aunque me ha costado la ruptura de algunas relaciones amorosas y de amistades, no estoy dispuesto a ceder. No quiero gastar mi dinero en hijos”, apunta.

Para Ricardo Aguilar, periodista de 33 años, el motivo financiero tiene peso. Argumenta que no hay condiciones económicas para mantener a un hijo, y además sus metas profesionales no empatan con la crianza de un niño. Admite que ha tenido parejas que quieren hijos pero que él siempre ha sido claro en su postura, “estoy consciente que he matado los deseos de maternidad de una pareja que tuve, pero prefiero ser claro y firme y no engañar”.

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En otros, la decisión de no tener descendencia llegó cuando en el camino se encontraron con mujeres que no querían hijos. Le dieron prioridad a la pareja. Alberto Paz, recién casado, de 32 años, tuvo cinco años de noviazgo con Ariadne para pensarlo. “Fue una larga conversación de años para asimilarlo, hacer planes y tener una calidad de vida que con hijos no podríamos darnos”, sostiene.

Prácticamente todos han tenido un proceso de reflexión, algunos acompañados de sus parejas, y otros en soltería, pero todos estos testimonios coinciden que la virilidad no pasa por la paternidad, que es hora de aceptar que ser hombre tiene otras connotaciones, y que la trascendencia no la dan los hijos, “yo prefiero dejar libros, películas, fotografías, mi trabajo creativo, que hijos”, dice Ashauri López.