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Ellos también merecen hablar

Los cambios de paradigmas sociales también han dejado al hombre con miedo a mostrar y hablar de la inseguridad que les aqueja.

Las mujeres hemos hablado y, con mayor o menor acierto, nos hemos hecho escuchar. Son ya muchos años de manifestar lo que no queremos, de afirmar lo que necesitamos y de señalar lo que nos lastima. Los siglos de sumisión y exclusión nos han hecho congregarnos y apoyarnos, y aunque aún nos falta mucho por andar, hemos conquistado territorios, derechos y autonomía. ¿Y los hombres? ¿Cuál es su posición ante esta transición galopante que va adelgazando el patriarcado y en la cual van perdiendo privilegios, amores y paciencia?

Los varones se mueven entre varios mundos: el de la presión del entorno masculino que aún les exige éxito y exhibir la valentía propia de su “masculinidad”; el de las mujeres que apuntan la injusticia y la violencia que sigue golpeando su feminidad y el de aquéllas que les piden cosas contradictorias, defienden argumentos ambivalentes y esperan amores imposibles.

El patriarcado no sólo afecta a las mujeres, los hombres también están pagando sus altos costos. ¡Es que eso de tener que ser siempre fuertes, ricos y contenidos en la vida emocional pesa y va dejando bajas en el camino! Entre hombres es difícil mostrar debilidades y compartir los dolores del corazón. Controlar la esfera de lo público ha dejado a la deriva su mundo interno y muchas veces su vida personal.

Se sigue alimentando ese círculo que esclaviza a hombres y mujeres: si ellos no dan dinero no se consideran dignos de obtener amor, y si ellas no dan amor no aseguran una estabilidad en el mundo material. Que se están desmantelando estas premisas… sí, pero -sin lugar a dudas- más lento de lo que quisiéramos imaginar.

No se trata de que los varones adopten un modelo masculino implantado por las mujeres: ambos somos diferentes y es momento de crear un proyecto de masculinidad propio y nuevo, apto para nuestros tiempos. Así que… ¡hablen, hombres! Muchas mujeres estamos listas para el cambio y los queremos escuchar.

  • Yo soy

    Pues es que aún el decir alguna vez: Saben, es difícil ser hombre, me ha costado ser señalado, marcado como débil, como “nena”, poco hombre, etcétera, etcétera, etcétera.

    Pareciera que la gente piensa que por portar un pene el mundo se abre ante ti. Nada más lejos de la realidad.

    Al menos yo anhelo también ser amado, comprendido y aceptado, en primer lugar por mi mismo y en segundo por las personas cercanas a mi, mi esposa, mis amigos, mi familia.

    Realmente me gustaría experimentar esta nueva masculinidad donde no se me agreda por mostrar sensibilidad y atraverme a ser vulnerable.

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