La fidelidad ¿es sólo un mito? | S1ngular
Sexualidad

La fidelidad ¿es sólo un mito?

De todas las inevitables derrotas del hombre contra la naturaleza, la infidelidad es, quizá, una de las más dolorosas de aceptar. Ahí están las dos caras de la sexualidad humana; la parte civilizada y la animal no han dejado de debatirse entre cumplir el ideal monógamo que sostiene a la familia tradicional o abandonarse a los deseos que nos llevan a los brazos de otras personas.

Entregarse ciegamente a una u otra suele acabar en conflicto porque a pesar de la máscara refinada que llevamos en cuestiones de cultura y avances científicos y tecnológicos, en el fondo, las exigencias y respuestas de nuestro cuerpo son las de una especie reciente de simio, que hasta hace unos diez mil años recorría en grupo las praderas, compartía alimento, protección y parejas sexuales.

Los rasgos anatómicos que nos distinguen como especie tienen apenas unos doscientos mil años, pero detrás hay una gran herencia de millones de años que condicionaron buena parte de nuestras conductas sociales y sexuales. Sumergidos en los ideales de una pareja exclusiva, ignoramos que esas aspiraciones en realidad son una adquisición reciente, de apenas unos diez mil años, tiempo en el que comenzaron a establecerse los primeros pueblos sedentarios gracias a la agricultura.

¡Ojo! No se trata de sugerir que se retome el comportamiento sexual de los ancestros, con su permisividad y modos, pues hay un camino detrás que no todos están dispuestos a abandonar. En el fondo, lo que nos hermana con los antepasados y nuestros primos los chimpancés es el uso del sexo como vehículo para fomentar los lazos afectivos y, en segundo lugar, como medio de procreación. No es gratuito que seamos la única especie dispuesta a tener relaciones sin importar los ciclos de fertilidad y en cualquier momento del día.

No es lo que tú piensas

La fidelidad se da como algo incluido per se en una relación íntima. Si cualquier de ambos fallan, se señala al culpable por su traición a un acuerdo que, probablemente, nunca aceptó. Y lo más común es darlo por hecho y omitirlo hasta que el divorcio o la ruptura llamen a la puerta.

Como muchos malentendidos, la monogamia es una convención de la cultura que se confunde con un fenómeno natural, como el nacimiento y la muerte. A pesar de la realidad que la niega, hay un empeño en hacerla pasar como una verdad indiscutible en todos los continentes y todas las épocas. Escuchamos el ruido de los propios prejuicios, pero no el recordatorio de que en nuestros actos más íntimos va escrita la historia de la especie.

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