Opinión

El método y nuestra constante búsqueda del equilibrio

Ser maestro

En 2011, decidí dedicarme a dar sólo certificaciones de maestros para así, poder dedicar mis horas de trabajo a personas que estuvieran interesadas en aprender yoga; aprender leyendo, haciendo tareas, preparándose para exámenes pero principalmente, dispuestas a adquirir conocimientos con objetivos claros y concretos que les funcionen para aplicar el yoga en todos los aspectos posibles de su vida.

Me encanta cuando las personas se inscriben a estos programas de certificación con el interés de aprender para obtener conocimiento de esta ciencia milenaria. Siempre serán bienvenidas todas las personas que a través del yoga desean conocerse a sí mismas y ven en esta ciencia las herramientas para lograr el equilibrio.

Por esta razón, el propósito del programa “500 horas” y de todo el yoguis journey que ofrecemos en la escuela, es brindar una experiencia de transformación diseñada para formar seres humanos más responsables de sí mismos y capacitados con el objetivo de apoyar a todos los que buscan este sagrado equilibrio en la vida.

Creo que los seres humanos tenemos en común más que el hecho de tener cuerpos similares o motivaciones básicas e instintivas parecidas.

Esta actitud de servicio la entiendo como la personificación de la compasión a través del ejemplo, la comunión en la disciplina y el compromiso con el proceso del despertar de la conciencia.

Creo que los seres humanos tenemos en común más que el hecho de tener cuerpos similares o motivaciones básicas e instintivas parecidas. También compartimos aspiraciones que son inspiradas por la intuición y oportunidades que presenta el proceso natural de evolución.

Tengo 42 años y la pregunta que más me ha cautivado es justamente esa: saber cuál es el factor común que tienen todos los procesos de evolución. Después de un largo proceso de búsqueda creo haber encontrado la respuesta: el método.

¿Pero qué es el método?

El método no solo ha guiado ciertas preguntas e inspiraciones que han sido fundamentales para los humanos en todas las culturas, tiempos y espacios. Así, tarde o temprano la mayoría de las sociedades a lo largo de la historia hemos llegado a conclusiones similares.

Estas experiencias han sido definitivas para todos nosotros como individuos y como grupos en nuestros procesos de evolución; por lo que al vernos a los ojos y hablar nuestras verdades encontramos que somos similares hasta en nuestras diferencias más radicales.

Así, hace milenios que habiendo encontrado estos factores comunes entre culturas hemos hecho anotaciones para que los que quieran saber más (y resolver más fácil los problemas) puedan hacerlo sin tener que pasar por tantas experiencias dolorosas de error.

Estas anotaciones a veces son de orden técnico como las matemáticas, moral como los mandamientos y en otras son ética pura como los valores, reglas que casi siempre se nos enseñan juntas. Nos toma mucha introspección, prueba y error definir para nosotros mismos cuál es la fórmula que nos funciona. Pero sin estos legados es muy doloroso llegar a conclusiones funcionales que provean equilibrio y armonía a nosotros mismos y a nuestros seres cercanos. Podemos evitar el sufrimiento no manifiesto aprendiendo modelos coherentes y haciéndolos nuestros progresivamente, probándolos con disciplina y la actitud del buscador que explora y se explora hasta lograr cierta certeza.

Pero los procesos son naturalmente de evolución y generan sorprendentes contradicciones, ambigüedades e incertidumbres. Estas cuestionan los principios morales que hemos adquirido en el proceso de desarrollo en etapas anteriores y experimentamos por ellos un enorme apego casi devocional e incuestionable. Es aquí donde se rigidiza este proceso de búsqueda y nuestros aciertos del pasado ejercen una tiranía impune sobre los nuevos procesos de aprendizaje. Perdemos la habilidad de aprender y adquirir conocimiento nuevo complementario y negamos nuestras áreas de oportunidad con una aprehensión nostálgica que nos enferma y así se pierde la coherencia de nuevo, se pierde la salud y se pierde la vida. Toda muerte es suicidio, y la muerte es nuestro derecho de vida, lo podemos ejercer con libertad y lo gestamos en ocasiones con total autoría desde nuestra mente.

Abracemos la convivencia de nuestras contradicciones conscientemente, al final nos tienen a nosotros mismos en común. No permitas que la nostalgia sea mas que una imagen bella y pasajera de tributo a aquello que nos ha traído hasta aquí. Agradecidos y des identificados observemos fluir la compasión.

El método no es algo rígido, tampoco lo es la disciplina, sólo son fórmulas funcionales para descubrir nuestra libertad, sabiduría y felicidad. Con las practicas de yoga podemos evitar el sufrimiento no manifiesto y ser maestro es compartir esta oportunidad con el que busca.

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