Opinión

El amor es científico mientras dure

Hace unas semanas cayó en mis manos un libro subversivo. Un texto donde la academia hace un “mea culpa” por no haberle puesto atención, salvo algunas excepciones de autores europeos, al estudio del amor. ¿Por qué había pasado esto? Porque no se consideraba digno de respeto, no daba prestigio intelectual, era un asunto frívolo, y un “delirio ideológico”. Las relaciones han entrado en un caos, la intimidad se transforma, el espectro afectivo y los acuerdos amorosos han mutado, pero la academia hacía el fuchi al mundo amoroso. Era como aceptar estar frente a los libros de autoayuda en un Sanborns.

Los ochenta dieron el primer aviso de que había que ponerle atención, pero en los noventa, las ciencias sociales, las humanidades y las ciencias naturales (a través de la neurociencia) iniciaron la cruzada interdisciplinaria de bajarle a la arrogancia, tejer más fino y ponerse a trabajar en el aparato moderno del amor. Al mismo tiempo, reconocen las autoras del libro Cuerpo y afectividad en la sociedad contemporánea, Adriana García Andrade y Olga Sabido Ramos, que la disciplina conocida como la Sociología de las Emociones, jugó un papel muy importante para voltear a ver, de manera científica, al amor.

El amor lo convulsiona todo y es tan serio que no hay que dejarlo al garete.

La investigadora Anna G. Jónasdóttir, en este libro, recuerda que en 1985 participó en Barcelona en una conferencia internacional con un ensayo sobre el amor y fue cuestionada con el argumento de que el amor pertenecía al ámbito de la ficción. Casi se burlaron de ella. Veinte años después, les da la bienvenida a todos aquellos que menospreciaron el tema y que ahora coordinan investigaciones, publican, desmenuzan y le otorgan categoría de objeto de estudio central para entender las nuevas formas de emparejamiento, la violencia en todas sus esferas y los estados afectivos que ésta genera, la discriminación a personas por su mera apariencia física, los miedos y las angustias que se vuelven cuerpo, y muchos más aspectos que se viven cotidianamente. El amor lo convulsiona todo y es tan serio que no hay que dejarlo al garete.

El amor como un poder creativo, único, transformador, con posibilidades de generar un cambio en la sociedad contemporánea, pero también con capacidad de hundirla. Eso es lo que han resuelto los recientes estudios.

Un gran grupo de teóricos modernos, como Ulrich Beck, Anthony Giddens, Niklas Luhmann, Eva Illouz, y Zygmunt Bauman, han puesto las reglas del juego y han advertido que hay que aceptar el reto, y que sólo desde la mirada multidisciplinaria se podrá entender la importancia de las variadas revoluciones (sin terminar) que están teniendo lugar en el mundo de la sexualidad y la intimidad.