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PANKS: lo mejor de ser tías solteras

Yo siempre fui tía y no fue sino hasta hace poco que me enteré de que mi “condición” tenía un nombre: era una pank, una “Professional Aunt No Kids” y, según el sitio estadounidense Savvy Auntie, al menos en Estados Unidos, el número va por los 23 millones.

Esta cifra no es gratuita. Hoy hay muchas más mujeres solteras que cuentan con buenos trabajos, gran poder adquisitivo y que han decidido postergar la edad del matrimonio, o bien, renunciado a casarse y tener hijos. En Estados Unidos, el Censo de Fertilidad de 2010 reporta que 25% de las mujeres entre 30 y 34 años y el 20% de las mujeres entre 40 y 44 años no tienen hijos. En México, los números también muestran esta tendencia a postergar la maternidad.

Somos más y claramente estamos creando una nueva forma de relacionarnos: disfrutar de la soltería (ya sea coyuntural o permanente) mientras consentimos a nuestros sobrinos. Por tanto, como mercadóloga que soy, entiendo perfectamente que se hayan convertido en todo un “target de consumo” al que van dirigidas las promociones y ofertas que alientan el gasto en productos para niños: ropa, juguetes, parques de diversiones, restaurantes y hasta vacaciones.

De hecho, según estimaciones de la fundadora del sitio Savvy Auntie, Melanie Notkin, sus gastos ascienden a más de 9 mil millones de dólares anuales. Y, sí, gastamos mucho en los sobrinos, pero, según el sitio Barking at the Wrong Tree, no estamos tan equivocadas. Estudios recientes sobre la felicidad han descubierto que “gastar dinero en otros promueve la felicidad”.

El artículo se llama “Spending Money on Others Promotes Happiness”, de Elizabeth W. Dunn, Lara B. Aknin y Michael I. Norton, y pueden consultarlo en la revista Science; e incluso afirman que gastar dinero en otros puede tener un impacto más positivo en el grado de felicidad que gastarlo en uno mismo. ¡Qué inteligentes y felices resultamos las PANKs!

Y, a pesar de que somos, como leí en la revista Glamour España, “la versión posmoderna del hada madrina”, al menos en mi caso (y seguramente en el de muchas otras), no se trata sólo de pura diversión y entretenimiento. La noción de responsabilidad está presente. Como menciona la autora de Comer, rezar, amar, Elizabeth Gilbert, en su segundo libro, Comprometida, “la brigada de las tías” cumple la función de ser un sostén afectivo, tanto para las madres en su crianza, como para los niños en su crecimiento.

Además de los regalos, dicen los terapeutas de familia, las tías pueden ofrecer a los sobrinos estímulos que les permitan conocer y entender mejor el mundo que los rodea. Y qué mejores estímulos que viajar, probar nuevas y raras comidas, discutir autores clásicos y, cómo no, escuchar grupos de música indie.

En todo caso, al no tener la “obligación de educar” se da una relación de mayor libertad y confianza donde el cumplimiento de las normas es menos importante que la posibilidad de diálogo. Por tanto, toda buena PANK sabe que tiene que dejar espacio en su agenda para la cena o el café con las sobrinas y poder “platicar de nuestras cosas”.

Ahora bien, la clave de la relación con las PANKs es, como en casi todo, el respeto a ciertas normas que imperan en una familia. Es decir, no saltarse las reglas que los padres han decidido imponer a sus hijos.

Mientras se negocian estos nuevos acuerdos familiares, a mí en lo personal me encanta la idea de cambiar la imagen de la solterona de faldas largas y chongo aburrido por la de una tía más à go-go. Y, ya sea que decidamos que ser PANK es una opción temporal mientras llega el momento de la maternidad o simplemente optemos por no seguir esta vía y mejor ser una tía full time, las invito a disfrutar de una de las lindas sorpresas que nos da la vida cuando decidimos no transitar por el tradicional camino amarillo.

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