Disney te mintió, nadie es media naranja de nadie | S1ngular
Psicología

Disney te mintió, nadie es media naranja de nadie

Nada que ruede puede ser el centro, nada que ruede puede ser el centro, nada que ruede puede ser el centro: se lo repito a mis amigos, a mis hermanas, a mis compañeros de oficina, na-da, absolutamente nada que ruede puede ser el centro.

Y es que existe un mito que, desde tiempos románticos, nos ha hecho creer que somos seres incompletos. Educación, cultura, literatura, películas, hay millones de industrias y contextos que nos hacen creer que el estar solos no está bien, como si estuviéramos destinados a que al mundo venimos a “emparejarnos”, como si la ley de vida fuera: naces, creces, te enamoras, procreas con quien te enamoras, y mueres.

Qué falacia, cuánto daño nos hizo la cultura, las historias de Disney, ¡o nosotros mismos! Cuánto nos hemos engañado al pensar que necesitamos amar y que nos amen para realizarnos y existir.

La sexóloga y psicoterapeuta, Karla Barrios, considera que la idea de que somos personas incompletas parte sustancialmente del mito de la Grecia Clásica: “Con el relato de Aristófanes sobre las almas gemelas. Sin embargo, existen sinfín de elementos que sustentan esta idea y que contribuyen a que vivamos en la tiranía de ‘estar en pareja’, ya que de otra manera somos personas ‘fracasadas’, ‘incompletas’, ‘solas’, ‘inestables’, ‘minusválidas’, etc.”.

Incluso, dentro de esta misma idea, llegamos a satanizar (o ver mal) no tener como prioridad en la vida el encontrar esa media naranja con la que formarás una familia.

Plenitud propia

En muchas ocasiones solemos depositar tanta importancia a la presencia del otro que, cuando esa persona se va, caemos en una sensación de vacío incontenible. Sin embargo, al darnos cuenta de que las despedidas son la mejor oportunidad para recapitular que todas y cada una de las parejas amorosas forman parte de la experiencia personal, que alimentan la existencia, pero no la definen, entendemos entonces que incluso una relación es una unión de dos seres completos, y no de dos mitades que se encuentran.

Al afirmar que tu pareja, tus ex y tus enamoramientos son sólo una pieza del todo que tu entorno conforma, garantizas que hay más detalles y razones para sentirte pleno, despertar, gozar, viajar, amar y vivir.

“Para trabajar la plenitud propia, hay que reconocer que ninguna persona puede hacerse responsable de nuestras experiencias de vida. Es necesario repensar nuestra autonomía, libertad y autodeterminación como una forma de reafirmarnos y reconocernos sin el peso de las expectativas de las demás personas. El amor propio es la base para una vida digna y amorosa”, asegura Barrios.

El amor propio nada tiene que ver con ensimismarse en uno, cerrarse y bloquear todo intento de compromiso con alguien. Muy comúnmente a la redacción de esta revista llegan preguntas sobre qué opinamos sobre el matrimonio, o si el ser s1ngular es estar en contra de la concepción de pareja, pero nuestra reacción es siempre la misma: la singularidad (o la dicha de estar con uno mismo) no está peleada con la idea de compartir el amor con otro.

Lo que buscamos es justamente evidenciar, entre otras cosas, que el mito de las medias naranjas crea una versión equívoca de la plenitud. Pues bien, los solteros no somos seres incompletos. Incluso los que ahora mismo gozan de una relación estable y duradera, todos somos personas con sensaciones, sentimientos, necesidades, elecciones, acciones, ideas, aspiraciones, y en cambio permanente.

Los solteros no somos seres incompletos

Nadie es media naranja de nadie, cada quien (soltero o no) es dueño de sus propios actos, consecuencias, felicidades, desgracias, logros. Todas las personas que pasan por nuestra vida se convierten en aprendizajes, amores, desamores, recuerdos, porque somos un proceso de cambios en el que tú eres la única persona de la que obtendrás las respuestas que estás buscando.

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