Es difícil conectar con “La Noche Estrellada de Van Gogh”. El bullicio del Museum of Modern Art, los turistas queriendo retratar la obra y un exceso de protección sobre la pintura le quitan el encanto.

Por Enrique Navarro

Nueva York.- “Esta mañana, vi el país desde mi ventana durante un largo tiempo, antes de que saliera el sol, con nada más que la estrella de la mañana, que se veía muy grande”.

Vincent Van Gogh le escribía estas palabras a su hermano, Theo, sobre el lugar que lo inspiraba y que derivó en una de los obras más representativas del pintor holandés: “La Noche Estrellada”.

De esta epístola y esas fuertes pinceladas de óleo se podría adivinar mucho sobre aquel hombre –que en vida sólo logró vender una de sus creaciones–; bastaría estar frente a esta obra, nacida en 1889, para reflexionar por horas, pero no.

Publicidad

No es fácil conectar con lo trazos, con esa capilla representada en el lienzo. En un miércoles cualquiera, en el cuarto piso del Museum of Modern Art (MoMA) en Nueva York, la pintura descansa en su pared; no así su alrededor.

Foto: Enrique Navarro.

Una protección de cristal impide ver las pinceladas de cerca, apreciar sus detalles. Ver la imagen a través de una pecera es lo primero que resulta decepcionante, pero rápidamente se entiende porqué ese vidrio está ahí.

Frente a la obra, unos 20 turistas sacan teléfonos celulares y hasta cámaras semiprofesionales. La toma de fotografías está permitida por el museo, pero hay otro tipo de reglas no escritas: silencio, pocas imágenes, respeto a la obra, no selfies.

Foto: Enrique Navarro.

Pero ahí, donde converge la modernidad con el arte, los más jóvenes transmiten en tiempo real, estiran los brazos y se toman fotos a sí mismos, hay quienes incluso se ponen filtros de pandas y perros y posan para Snapchat junto a la obra.

Y sólo cuando uno está demasiado cerca de “La Noche…” es que uno de los guardias de la sala interviene e invita a los huéspedes a dar un paso hacia atrás.

“Debes tener un trabajo difícil; todo el día estar moviendo a la gente”, le digo a uno de ellos.

“¿De qué hablas? Es miércoles por la mañana. Esto no es nada. Deberías venir por la tarde. Es imposible ver la pintura”, responde.

Foto: Enrique Navarro.

El paso ante la pintura parece una fila de supermercado. Apenas se tiene un par de minutos para verla. El guardia me explica, sin embargo, que hay veces que sí se logra conectar con el autor.

“Una vez vi a esta chica llorando frente a la pintura. Pero llorando en serio, le escurrían ríos de lágrimas”, me cuenta.

Tal vez esa chica recordó que “La Noche Estrellada” representa, según varios investigadores, el inicio del final; el declive de ese torturado artista.

Aún sabiendo esto, en lo personal no me emocioné con la obra al grado que esperaba. Pero ahí mismo, casi abandonado, aunque a un costado, está el retrato de Joseph Roulin, también de Van Gogh, y ahí sí, qué diferencia.