Un bicho escondido entre granos de malta se convirtió en el símbolo de la cervecería más linda de San Luis Potosí. Tan bohemio como esta leyenda resulta tomar cerveza en La Oruga y la Cebada.

Por Enrique Navarro

La oruga hizo capullo y se convirtió en mariposa. Había sido encontrada en un costal de malta de cebada, y colocada después en una maceta con vista a la Plaza Aranzazú y parte del convento de San Francisco.

Foto: Enrique Navarro

Es por eso que este lugar en la capital de San Luis Potosí se llama La Oruga y la Cebada. Seguramente el bicho lo eligió como hogar por su buen gusto y atmósfera.

En este diciembre, por ejemplo, delicados vientos se mezclan con el tibio pero luminoso sol, y trae consigo los aromas de la cocina.

Foto: Enrique Navarro
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Llegan los vapores de esa reducción de vino que acompaña una chistorra y cebollas caramelizadas, de la pizzas de jamón serrano y el pulpo con esquites y, por supuesto, de las de las cervezas artesanales que dan fama a este lugar.

Foto: Enrique Navarro

Ahí, entre plantas y un contenedor de granos y especias, está la 7 Barrios, inspirada en los primeros asentamientos que fundaron la Ciudad; las porters y ales de La Legendaria, y una Wasumara Drunken Dwarf, de sabor amargo y buen cuerpo.

También se encuentran las importadas y las lagers facturadas en México, para quienes aún no se aventuran a las cervezas de autor.

Foto: Enrique Navarro

Las pláticas de los comensales llegan en distintos idiomas, porque el crecimiento de la ciudad ha traído gente de Francia, Estados Unidos y por supuesto de la República y, casi todos los días, distintos músicos acompañan las tertulias con notas de jazz, trova o rock.

Y afuera, en el Callejón de Lozada, donde se ubica esta cervecería, los visitantes, artesanos y comerciantes terminan de crear el que arropó a esa oruga escondida entre la cebada.