Uno podría pensar que en una ciudad tan cercana a Tijuana y la frontera sería difícil conseguir un espacio de paz, pero no es así. Aquí te puedes dar la vida que siempre has soñado, a poco más de una hora del caos.

Por Shantale Carrera

Foto: Verónica Ortiz

Para llegar a Ensenada y Valle de Guadalupe tienes que volar a Tijuana y luego por
tierra, o bien tomar un crucero que pare en el puerto de Ensenada. No es complicado,
solo hay que averiguar el mejor modo de hacerlo, pero definitivamente vale la pena.

Dependiendo de la época del año en la que visites este precioso destino turístico, que
recibe a 2.5 millones de personas al año, podrás presenciar alguno de los numerosos eventos de talla internacional. Por ejemplo, los que organizan las vinícolas, los de gastronomía o las carreras de autos y motos, entre otros.

Lo mejor de Ensenada no es el vino, es la gente. Hacer amigos es tan fácil, que en un par de días comienzas a reconocer gente en los bares y restaurantes. Yo por ejemplo, me metí a un saloncito a hacerme mani-pedi y salí de allí –además de uñas libres de cutícula– con muchas recomendaciones culturales, el teléfono de una chica que se ofreció a llevarme a la Bufadora y hasta una tarjeta de descuentos que me regaló otra.


Lo clásico
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Lo que se sabe –y bien– en cuanto a las atracciones de Ensenada, es que vas a comer
delicioso. Puedes entrar en cualquier establecimiento de comida y seguro sales
contento. Pero claro, hay sitios que tienen una reputación que les precede y justo es de los que quiero hablar. Uno es Finca Altozano, en donde la vista y el vino hacen que pierdas la cabeza.

Para desayunar y tomar un café con pan rico, te recomiendo El Rey Sol en la Primera, en el centro de la ciudad. Es un sitio familiar que cuenta con más de 60 años de historia y un estilo afrancesado muy chulo.

Hay un sitio que me gustó mucho, aunque creo que es más famoso porque por ahí pasó Anthony Bourdain (y soy muy fan, perdón), se llama La Guerrerense y su decoración es muy original. Recuerdo haber ido también a una cervecería llamada Agua Mala y también estuvo rico.

Mi lugar favorito fue Adobe Guadalupe, una casa vinícola con vistas de ensueño, arquitectura campirana color ladrillo, mobiliario clásico y un toque a casa de la abuelita que no puede con él. Te sugiero ir a desayunar allí (previa reservación).

Foto: Verónica Ortiz
Lo imperdible

De las visitas que pocos mencionan pero que valen mucho la pena son por ejemplo el
Museo de Historia de Ensenada y la ex hacienda Riviera; ahí se encuentra el bar en donde se inventó la famosa margarita, el Andaluz.

Por cierto, todo mi recorrido lo hice a bordo de un divertido y moderno tuk tuk. Contratas con HMLogistics un tour por la ciudad o una a la medida y te lleva un simpático chofer (el mío se llamó Pilar) por todo el puerto hasta llegar al mirador desde donde se aprecia la ciudad y la marina.

Foto: Verónica Ortiz
Lo nuevo

Hay decenas de viñedos en Valle de Guadalupe, todos bonitos, pero dentro de la
inmensa variedad y considerando que quizá no da tiempo de ir a todos, yo te recomiendo algunos de los que visité: Santo Tomás, Cuatro Cuatros y Encuentro Guadalupe.

Un detalle muy agradable fue cuando iba caminando por la avenida Lázaro Cárdenas –admito que estaba empeñada en comprar una taza de colección para mi madre en la famosa franquicia de la sirena– cuando de pronto me topé con un pequeño y discreto centro cultural: Libromar. Subí porque esos lugares tienen cierto magnetismo; me encanta que puedes tomar libros prestados un rato acompañado de una taza de café.

 

Sabías que…

Ensenada se está convirtiendo también en un importante productor de cerveza
artesanal. Yo me enteré en esa visita y me aseguré de probar de muchas para ver si era cierto.