De viajar se pueden rescatar tantas experiencias y hallazgos como nos rindan el tiempo, el presupuesto y claro, la imaginación. Pero más allá de los lugares, los paseos y souvenirs que logre coleccionar, para mí lo más valioso son las personas.

Por Shantale Carrera

Foto: Shutterstock

Aquellos momentos que se comparten, los vasos de cerveza que chocan, los abrazos y besos son lo que queda. Los besos sencillos, dobles y triples, hasta aquellos que tronaron en el aire y se fueron con el viento. Cómo olvidar las risas y las expresiones que intenté con empeño hacer mías –en muchas ocasiones sin éxito–. Porque no basta con tener ganas de integrarse; hay que entrarle a la cultura y convivir, beber con la gente local, leer la prensa, ver televisión y seguir el principio de When in Rome, do as the Romans do.

Así como hay lugares que se quedan para siempre en nuestra mente y en los álbumes de fotos, hay sonrisas y miradas de las personas que he conocido a mi paso que no se borran.

Podría describir los momentos, escenas y sitios en donde compartí con cada amigo y colega. Hasta confieso que al ver mis fotos y repasar caminos recorridos, las imágenes llegan acompañadas de melodías que iba escuchando en ese momento y que en más de una ocasión me provocaron lágrimas de nostalgia al saber que esa persona que era allí no volvería jamás a ese lugar.

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He hecho viajes que me han marcado, en los que he aprendido mucho de mí misma y, ese es el caso del que inicié a finales de febrero de este año. Lo que traje conmigo y me acompaña a donde quiera que voy es la gente. Personas que de una u otra manera dejaron huella en mi corazón y me dieron la posibilidad de pensar y vivir distinto. Sin importar tanto el contexto, la aventura comenzó desde el aeropuerto y continuó por las seis semanas que le siguieron.

Lo que puedo asegurar es que no importa cuántas fotografías haya en mis carpetas, en mi mente, en mis ojos y en mis canciones llevo todos aquellos momentos en los que he sido feliz compartiendo con alguien.

Creo que no hemos medido cuán poderosos somos al dejar huella en los demás; nuestra vida nunca vuelve a ser la misma cuando permitimos que otros la toquen.