La oportunidad era demasiado buena para negarse, tres noches cuatro días, cortesía de mi hermano a la voz de: me sobran estos días en mi “all-inclusive” y no puedo tomarlos, ¿los quieres? Me los pagas cuando y como quieras.

Por Redacción S1ngular

“Bueno, déjame pensarlo…¡Sí!”

Yo tenía casi 10 años sin ir a  Acapulco, mi última experiencia no fue nada buena, se sentía el ambiente peligroso y las noticias del crimen organizado ya eran evidentes, por lo que con todo el dolor de mi corazón borré de mi lista de destinos favoritos a Acapulco.

Y digo con todo el dolor de mi corazón, porque Acapulco por muchos años fue mi santuario, el lugar a donde desde niño iba con mis padres, después vinieron las escapadas con amigos saliendo de un antro en la ciudad y decíamos en la jarra: “¿playita?… ¡va!”…sin plan y sin nada, nos lanzábamos sólo para sentir el mar, la fiesta, la vibra, la gente, la carretera, todo pues…magia pura.

Total, me volví a animar. El hotel tenía una vista increíble de la bahía y ahí fue mi primera sorpresa; fue como si nunca la hubiera visto antes, majestuosa, increíble…¡guau! Ya la había olvidado y como niño, a ponerse el traje de baño y ¡vámonos al mar! El clima excelente, el mar limpio, la gente súper amable, bueno hasta los drinks saben mejor. ¿Será que sí?

Foto: Shutterstock
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Después del primer tueste playero me animé a ir a la costera a buscar fiesta y de nuevo otra sorpresa: todo tranquilo, sin peligro; el mejor ambiente (como antes), con el mar de fondo. Al otro día, a curársela con un pescadito a la talla y a seguir disfrutando, a caminar por la costera y ver que Acapulco sí ha cambiado mucho en 10 años, pero su esencia es la misma…quizá hasta mejor.

Y caí en cuenta de que volví a enamorarme de ese lugar, de la sensación de estar ahí, de ese calorcito, de cómo se llenan los ojos de mar y de cómo ya no tiene uno esa expresión tensa en la cara como de ¿estrés?, sí, pero solamente porque hay que regresar a la realidad.

El regreso a la ciudad, como siempre difícil, cual niño berrinchudo y después del paraíso a entrarle al frío y al tráfico, ni modo. Pero eso sí, con el alma renovada y con el plan de regresar en unos meses. Sí, dije en unos meses, así de plano. ¿Quién se apunta?