Opinión

De chile, de mole, de dulce y de manteca

Si estoy satisfecha y no voy a pedir nada más, me gusta que me cuenten de qué va un platillo, me narren cómo se prepara y me inviten a comerlo en la próxima ocasión. Si bien algunas personas me ven curiosito (sobre todo por aquel horrendo prejuicio machista de que para ser mujer me cabe un poquito de más), generalmente envidian el disfrute que en ello pongo. Aunque me desconcierto un poco con aquellos a los que les gusta siempre lo mismo, a la misma hora, con el mismo plato, en el mismo lugar y con la misma gente. Pero mientras también disfruten (y no sea causado por una neurosis empedernida), bienvenidos los gustos y placeres de cada quien.

¿Pero qué tal a la hora del sexo, del amor y del erotismo? La cosa cambia: la variedad de encuentros, gustos, estímulos y deseos se vuelven “perversiones”, sino es que algunas transgresiones se catalogan como francas desviaciones y patologías. ¡Ah, cuánta moralidad en un espacio que puede ser tan, tan gozoso, lúdico, diverso y vinculante!

«Si el poder y la autoridad no se centra en el “macho”, se desprecia; si lo que se practica no va acorde a la “naturaleza” reproductiva, se juzga».

La sexualidad hegemónica se toma como referente absoluto, y así vivimos en un mundo heterocéntrico, falocéntrico, heteronormativo y binomial (palabrillas domingueras que hay que incorporar), y todo lo que no es hombre o mujer estrictamente distinguido, se borra. Si el poder y la autoridad no se centra en el “macho”, se desprecia; si lo que se practica no va acorde a la “naturaleza” reproductiva, se juzga. Y en tanto que la heterosexualidad se toma como “lo normal”, la gente (en la familia, en la escuela, en el trabajo, etc.) va suponiendo que quien se nos ponga enfrente, mientras no exprese explícitamente lo contrario, será heterosexual.

«Bien sabemos que lo que platicamos que hacemos en la cama es mucho menos de lo que realmente practicamos en ella».

¿Y por qué nadie piensa que la heterosexualidad sea “anómala”? ¿Por qué asumir que quien disfruta, elige y explora otros caminos tiene que tener alguna tuerca mal? Si las multitudes mexicanas disfrutan a discreción los tamales de chile, de mole, de dulce, de elote, de rajas, ¿no podemos dejar de prohibir o juzgar la existencia de diferencias en la cama y en el corazón?

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Bien sabemos que lo que platicamos que hacemos en la cama es mucho menos de lo que realmente practicamos en ella. La sexualidad no es fija, la construimos durante toda la vida y así podemos movernos (más, menos) en un continuo entre homos, heteros, bis, y más. Así que, de adaptarme y resignarme a las circunstancias que imponen un discurso heterosexual hegemónico, prefiero cambiarlas y transitar por mi versátil barrio, integrando, disfrutando y atestiguando la diversidad.

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