Psicología

Dale alas para volar… o cumplirá 40 en tu hogar

El hecho de que un hijo de 40 años siga compartiendo el mismo techo con sus padres es resultado innegable de una crianza de sobreprotección y de una falta de límites saludables en los que el chico pudiera reconocer y desarrollar sus potencialidades.

Comodidad vs independencia

La respuesta más típica al hablarle de independizarse a una persona que vive con sus padres es: ¿Para qué me voy a mover de ahí, si estoy tan a gusto? La comodidad le gana a un debilitado deseo de independencia y autonomía, con el plus de un significativo ahorro económico, energético y de tiempo, y a que, independientemente de si aportan o no al bolsillo familiar, de entrada ya cuentan con una casa amueblada, en donde se sirven tres comidas al día en sus respectivos horarios y se olvidan de ocuparse directamente de multitud de tareas domésticas.

¿Para qué me voy a mover de ahí, si estoy tan a gusto?

Saltan a la vista las ventajas, pero el costo de esa comodidad implica privarse de aprender a estar consigo mismos y a hacerse cargo de sí mismos en todos los sentidos; y eso va mucho más allá de que no haya a quién pedirle desde el baño que te acerque una toalla. ¿Cómo va a conocerse a fondo alguien que nunca ha vivido a solas? ¿O alguien que lo hizo por una temporada y regresó a la casa materna o paterna? Esta dificultad para independizarse generalmente se oculta tras un gesto de solidaridad que, de fondo, disfraza una codependencia.

Cómo criar hijos seguros e independientes (y evitar que se conviertan en eternos adolescentes)

Si se trata de un bebé, lo más recomendable es la crianza con apego, que es partidaria del colecho, de no dejarlo llorar y de tenerlo el mayor tiempo posible en brazos para favorecer un vínculo sólido que le dé seguridad. Infórmate y practícalo.

Todo lo que sigue es aplicable para niños desde los dos años de edad hasta la adolescencia:

Fomenta su curiosidad natural, responde a sus preguntas con paciencia y, cuando veas oportunidad, hazlo de forma que surja una nueva duda que puedan resolver juntos.

Advierte sobre los riesgos. Al mentirle a tus hijos, pierdes credibilidad ante ellos. Diles la verdad. No hace falta usar el miedo como forma de control. Evita recurrir al monstruo del clóset o al robachicos. ¿Por qué atemorizarlos?

No los ayudes antes de que te lo pidan. A mayor autonomía, mayor autoestima; déjalos solos; si tardan, no los presiones: todo es a su ritmo, son ellos quienes están aprendiendo. No hagas las cosas en lugar de ellos.

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Déjalos decidir. Ofréceles, en cambio, un rango de acción en su día a día. Si se trata de un niño pequeño, permite que elija la ropa que quiere ponerse o la verdura que más le gusta a la hora de comer. Si hablamos de un adolescente, permite que tenga la pinta que quiera tener, y que estudie la carrera que quiera estudiar, etc. Incluso, que decida si hace o no la tarea (con una “consecuencia” previamente acordada, que debe asumir sí o sí).

Estimula su capacidad para estar solos y encontrar qué hacer con ese tiempo dedicado a sí mismos (crear, leer, escuchar música, pasear, etc.).

Establece un esquema de cooperación doméstica. No sólo es importante que aprendan a mantener su cuarto ordenado, sino que colaboren con el resto de las tareas de casa, como cocinar, lavar platos, recoger la mesa, sacar la basura, hacer la limpieza, etc. (con penalizaciones para el que no cumpla con su tarea).

Promueve el desarrollo de sus habilidades sociales, deja que pidan su plato al mesero, provoca que se relacione con gente nueva y se enfrente a diferentes situaciones en diversos ambientes.

Respeta sus emociones, evita sembrarles inseguridad a costa de tu diversión, nunca los ridiculices ni te burles de ellos.