Janis Joplin conoció el racismo en su pueblo natal; y lo desprecio. Su música inspiró a miles. Hoy se cumplirían 70 años de esta “bruja” sobre la tierra, pero la heroína dispuso otra cosa.

Por Enrique Navarro

 

La bruja cósmica. La adicta al escenario. La que hacía el amor con 25 mil, pero dormía sola. De no haber desaparecido a los esotéricos 27, Janis Joplin cumpliría 70 años este 19 de enero.

El mundo habría tenido siete décadas de esa magia que convertía las sutilezas vocales en desgarradores aullidos, pero, sobre todo, del ejemplo de esa texana que del mundo y sus músicas hizo lo que quiso.

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“En el escenario hago el amor con 25 mil personas, y después me voy a la cama sola”, decía. Y fue en esas soledades donde encontró la heroína y el alcohol.

Después de cantar “Summertime”, “Kozmic Blues” y “Piece of My Heart”, se fundía en las sustancias, hasta que el 4 de octubre de 1970 ya no salió.

Como Janis Lyn Joplin, nació en 1943, en Port Arthur, lugar prominente para el desarrollo económico petrolero y la segregación encarnizada. Y ahí se hizo humano. Ahí supo qué es el racismo, y lo odió; entendió el estereotipo, y se desvinculó; conoció el bullying y la popularidad inalcanzable. Y les plantó cara.

Esa niña de cabello y pensamientos libres se hizo mujer. Con dirección a San Francisco, tomó una maleta y empacó influencias de Odetta, Gershwin y Big Mama Thornton; esbozos del movimiento contracultural libertario y pacifista de los 60; y palabras que guardaba en libros que devoraba.

Con esa valija y su voz mezzosoprano debutó con la Big Brother & The Holding Co. y con esa terminaría con la Full Tilt Boggie. Y su música habría de seguir trascendiendo y continuado su legado, pero una heroína de extrema pureza lo impidió.