Psicología

¿Cómo influye un entorno hedonista en la conducta de los hijos?

“Si te portas bien, te compro un dulce”, “si sacas buenas calificaciones, te doy un iPhone”. ¿Les suena conocido? Algunos científicos sociales, tales como Ulrich Beck, Jürgen Habermas y Gilles Lipovetsky, piensan que este tipo de interacción se encuentra fácilmente en sociedades hedonistas, y en realidad a lo que invitan los padres es al consumo, no a la buena conducta.

Los niños que tienen problemas de comportamiento, como desobediencia, rebeldías injustificadas y faltas de respeto, entre otros, son el reflejo de una sociedad hedonista. Por tanto, ellos son:

Niños hedonistas

De acuerdo con la doctora Eva Marcuschamer, de la Asociación Psicoanalítica Mexicana, un niño hedonista suele ser alguien que está continuamente insatisfecho, que es egocéntrico, que tiene poca tolerancia a la frustración, que no es empático, que traspasa límites, que exige mucho y que no cumple acuerdos.

«También intervienen en su educación y desarrollo la televisión, la escuela, los amigos, el transitar diario, los vecinos, la familia y un largo etcétera que se llama “vivir en sociedad”».

Al respecto, desde la psicología se proponen algunos consejos básicos para los padres de estos niños:

  • Aprender a poner límites
  • Definir tiempos y espacios de actividades
  • Hacerles partícipes de obligaciones y responsabilidades

Asimismo, es importante que el adulto cumpla con lo necesario como autoridad, para que el menor sepa que debe seguir ciertas reglas y que son sus padres quienes le dan las pautas y las normas básicas. Sin duda, esto ayuda mucho a la relación entre padres e hijos, pero hay que estar conscientes de que el padre o la madre no son los únicos que los educan; también intervienen en su educación y desarrollo la televisión, la escuela, los amigos, el transitar diario, los vecinos, la familia y un largo etcétera que se llama “vivir en sociedad”.

Contexto hedonista que envuelve a los hijos

Nuestra cultura social está en caducidad constante; ya nada permanece inmutable: todo parece ser desechable. Y, en este contexto, los niños y los adolescentes encuentran placeres que se terminan al siguiente instante y la búsqueda vuelve comenzar. Esto no es característico sólo de los menores, sino que se ha vuelto un síntoma del consumo del que son partícipes.

«La satisfacción ya no se encuentra en el objeto mismo, sino en el consumo de ese objeto».

Es decir, el consumo irracional fomenta este tipo de hedonismo, el cual se caracteriza por el efímero placer de las cosas y por la constante insatisfacción. De acuerdo con las ideas de Lipovetsky, filósofo y sociólogo francés, la diferencia entre estos niños y sus padres es que, en el siglo XXI, la satisfacción ya no se encuentra en el objeto mismo, sino en el consumo de ese objeto.

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Por ello, es importante estar atentos a que, si se continúa generando satisfacción en la adquisición de cualquier artículo, es posible que se produzcan mayores ausencias emotivas. Sus asociaciones empáticas y emocionales estarán más relacionadas con la adquisición de algo que con la socialización entre personas. Por esa razón, no comprenden la empatía, la solidaridad, la amistad, el respeto, porque en ello no encuentran la satisfacción que genera el consumo. No le es útil, de acuerdo con los estándares socioculturales.

Educar no significa aislar

No es posible aislarlos de lo social, pero sí crear vínculos emotivos, sentimentales, que los “humanicen” más. Y tampoco es necesario quitarles todos sus tesoros tecnológicos; es decir, no se trata de cambiar al mundo, sino de evitar que el mundo los aísle, de que su contexto los aparte de los placeres más simples y de prevenir que se vuelvan incapaces de disfrutar sin esperar algo a cambio.

«No es posible aislarlos de lo social, pero sí crear vínculos emotivos, sentimentales, que los “humanicen” más».

Entre las posibles actividades para modificar conductas en los hijos está el contacto con otros niños en espacios abiertos, lo cual propicia la socialización, que es una parte fundamental del desarrollo de todos los seres humanos. Asimismo, promueve los valores, la convivencia y ayuda a la creación de identidad.

Otra opción que puede ser positiva para crear empatía es hacerlos participar en eventos altruistas o conseguirles una mascota que forme parte de la familia. Aunque, si la mascota llegara a morir, es muy importante permitir que la pérdida forme parte de sus emociones. En este tenor, la doctora Kübler Ross invita a los adultos a no ocultar a los menores las vivencias dolorosas, pues éstas les ayudan a tomar conciencia de sí mismos como humanos y de lo que ello implica.

Por último, es importante que nuestros hijos se den cuenta de que el placer y las satisfacciones tienen muchas tonalidades y que se hallan en distintas vivencias enriquecedoras, no sólo en la adquisición de algo más a cambio.