Bad boys: ¿por qué nos encantan? | S1ngular
Opinión / Tendencias

Bad boys: ¿por qué nos encantan?

Hace poco descubrí mi fascinación por una zona oscurita de ciertos sujetos. Es decir, esa tenebrosa región masculina del alma.

Recientemente me enteré de mi debilidad por tipos que mi hermana llamaría pésimos partidos (por indomables), pero que mi mejor amiga, aunque es gay, se come con la mirada mientras comenta: claaaro que saldría con él. ¿Por qué?

ES SEXY A MORIR

El llamado bad boy es un nómada sin control. Nunca se sabe qué esperar de él y eso resulta un imán. Encima, es seguro de sí mismo y sabe venderse: subraya su rebeldía, así que tal vez no se quite la mezclilla ni el pelo largo. O sí. James Bond es un individuo arrojado, imperdonablemente esquivo, a pesar del traje perfecto. El asunto es que, con lino o jeans, esa vena bravía lo hace muy deseable, porque nos imaginamos que va a ser un lujo en la cama. Y lo es, siempre y cuando sea capaz de equilibrar la tosquedad con un buen shot de ternura. Si además suma inteligencia, el combo es tremendamente seductor.

Según el neurocientífico Billi Gordon, doctor de la Universidad de California en Los Ángeles y columnista de la revista Psychology Today, las abuelas de mis abuelas preferían al vigoroso Homo Erectus que al niño bueno: daba mayor garantía de tener hijos fuertes y de proveer comida y protección. Al repetir la conducta millones de veces, a lo largo de generaciones, el principio quedó grabado en mi cerebro como los surcos de un disco LP: se convirtió en instinto.

DESCÍFRALOS

El espécimen con barba de varios días me resulta tan enigmático como un problema de álgebra, pero mucho más divertido. Según Kathy Lee, autora del libro Why Do Women Love Bad Boys, encontramos cautivantes a individuos que exhiben la Tríada Oscura, es decir, rasgos característicos de quienes buscan relaciones de corto plazo:

1. Narcisismo: seguridad, carácter dominante, autoimagen desmesurada.

2. Sociopatía: conducta errática,desafío de las convenciones.

3. Maquiavelismo: manipulación.

Este tipo de hombres resultan todo menos aburridos, esto lo confirma una investigación reciente dirigida por el psicólogo Fernando Gutiérrez, del Hospital Clinic, de Barcelona: las personas temerarias suelen tener el doble de parejas que quienes son más convencionales. Supongo que la sed de riesgo resulta embriagante.

IMPLICA UN RETO

Al tipo desenfrenado le urge orientación. Tal vez sea un jugador incontrolable, quizá caiga en excesos de alcohol o drogas, acaso sea un mujeriego-contra-su-voluntad. Lo cierto es que es un cachorro herido que clama por la mujer, la indicada para reformarlo, así que hace brotar en mí a la matrona italiana, presta a defender lo suyo como en escena de El Padrino.

Pero nosotras no tenemos la culpa, la biología lo explica. Según el doctor Gordon, la incertidumbre eleva los niveles de dopamina en el cerebro, hormona responsable del placer. Resulta que la evolución entrenó a mis antepasadas para estar alerta ante los elementos que cambiaban en su contexto y, por tanto, representaban peligro. En otras palabras, dominar lo insospechado para luego sobrevivir resulta apetecible desde hace miles de años.

De modo que aquí estoy, culpando a Darwin de mi sesgo por el caballero arrogante, sin pulir y, cómo no, muy excitante. Prometo que un día lo hablaré con mi terapeuta. Mientras, seguiré mis instintos, aunque sean salvajes.