Psicología

Aterrizar en los 30: la década de las decisiones importantes

Aterrizar en los 30 sin este paracaídas reflexivo puede interpretarse como un síntoma de adolescencia tardía; sin embargo, la mayoría de los valientes treintañeros reconocen estos cuestionamientos al cruzar el umbral del tercer piso, porque es incuestionable que ésta es una de las décadas donde se toman decisiones clave en la vida. Aunque, ¿así se percibe desde afuera?

Algunos expertos consideran que los habitantes del tercer piso tienen el síndrome de Peter Pan, que se refiere a una deficiencia o incapacidad psicoemocional para volverse adulto. Óscar Galicia, coordinador de Neurociencias de la Universidad Iberoamericana, consideró en su análisis esta incapacidad como parte de una decisión voluntaria para eludir las responsabilidades adultas. Galicia señala que, en teoría, a los 25 años se tienen las herramientas necesarias para la independencia, tales como el empleo y la seguridad social; sin embargo, las decisiones que ello implica son eludidas conscientemente, con la finalidad de extender la adolescencia.

«Resulta cómodo continuar viviendo en casa de los padres, e incluso quienes viven fuera del núcleo básico postergan la concreción de compromisos en sus relaciones laborales o personales».

En este sentido, Claudia Sotelo, investigadora del Instituto de Investigaciones en Psicología Clínica y Social, argumenta que, en efecto, en esta generación existe una tendencia por dejar para después el proceso de toma de decisiones, pues resulta cómodo continuar viviendo en casa de los padres, e incluso quienes viven fuera del núcleo básico postergan la concreción de compromisos en sus relaciones laborales o personales.

En el ámbito profesional, este síndrome también se usa para ejemplificar la incapacidad que muestran las personas de esta edad para terminar proyectos emprendedores relevantes. Mercedes Poiré, directora del Centro de Opinión Pública de la Universidad del Valle de México (UVM), encabezó un estudio en torno a las preferencias y decisiones de esta generación. De acuerdo con los resultados, ésta fue diagnosticada con el síndrome de Peter Pan, pues se caracteriza por la postergación de decisiones y proyectos que requieren conductas adultas. A decir de Poiré, los jóvenes de este grupo de edad son exigentes y emprendedores, prefieren buscar trabajos mejor remunerados, pero no participan en aquellos que les impliquen rutinas, reglas o largas jornadas laborales, ya que consideran importante dedicar tiempo a sus relaciones sociales.

Yo, cuando tenía tu edad…

El síndrome de Peter Pan fue mencionado por primera vez en el libro The Peter Pan Syndrome: Men Who Have Never Grown Up, escrito por Dan Kiley en 1983. De la tesis principal de esta publicación derivó el síndrome de Wendy, que se refiere a las mujeres que se relacionan con un Peter Pan. Son sobreprotectoras, maternales y cuidan de estos “adolescentes tardíos”.

«No es lo mismo haber cumplido 30 años en 1970 que tener 30 en nuestros días».

En cambio, Ricardo Trujillo, académico de la UNAM, considera la posibilidad de una “adolescentización”: la sociedad es el síndrome, no el joven. Este investigador considera que intervienen muchos otros factores para determinar el comportamiento, y que uno de ellos, particularmente importante, es el contexto social. Es decir, no es lo mismo haber cumplido 30 años en 1970 que tener 30 en nuestros días.

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Los treintañeros de aquellos años podían comprar casa, carro (y pagar la gasolina de un automóvil de ocho cilindros), tener hasta cinco hijos y ofrecerles educación, salud y alimentación con los salarios de dos personas (o incluso de una sola) que no necesariamente contaban con un título universitario. Ciro Murayama, profesor de la Facultad de Economía de la UNAM, escribe que, en la década de los 70, el bienestar social se basaba en el empleo formal, pero conforme avanzaron los años, para la década de los 90, este bienestar tuvo como base el empleo informal o no asalariado (una de las tantas razones por las que se redujo el número de integrantes de una familia).

Tomar el elevador, subir las escaleras o incluso detenerse antes llegar al tercer piso es una consideración bastante viable, sin importar cuánto pese el equipaje.

Malabaristas de hoy

Además de que el contexto de un mexicano de 30 años es un abanico de inestabilidad, que abarca desde las relaciones amorosas (disminución del porcentaje de gente casada e incremento del de divorcios), hasta las laborales (es la primera generación que no percibe más remuneración por su trabajo que sus padres, aunque poseen más títulos académicos), es un periodo de la vida en el que se ponen en la balanza varios temas.

«Es la primera generación que no percibe más remuneración por su trabajo que sus padres, aunque poseen más títulos académicos».

Entre éstos destaca el de la modalidad de trabajo: ¿como empleado de una empresa o como freelance? (el trabajo independiente es una buena opción para esta generación); y, asimismo, se evalúa si se quiere o no formar una familia (a esta edad, el reloj biológico manda constantes recordatorios aunque solemos ignorar la alarma). De igual modo, en esta época, la presión social se manifiesta a través de preguntas o comentarios como: “¿para cuándo la boda?”; “es momento de encargar familia”, “¿has pensado en una casa propia?”; “¡ándale, m’ijito, antes de que muera tu abuelita!”.

Por otro lado, los créditos bancarios ofrecen mayores préstamos a esta generación porque demográficamente representan el punto álgido de la población económicamente activa. Por tanto, es una época en donde hay que ir aprendiendo y decidiendo en qué se van a destinar los ingresos, cómo hacerlo, qué conviene más, etcétera.

De igual modo, hay que considerar que quienes están en sus treintas crecieron a lo largo de una transición económica que trastocó su entorno social, por lo que la manera de hacer malabarismos para encontrar equilibrio y felicidad en lo que se haga también es diferente de como lo hicieron sus antecesores. Es decir, tanto la base social sobre la cual se tomaban decisiones hace 30 años ya no es la misma, como los roles, funciones y estereotipos de lo que debe ser y hacer una persona de esta década, en la sociedad mexicana, se transformaron.

En suma, esta generación paracaidista cuestiona el matrimonio inmediato, corre el riesgo del trabajo independiente, es su propio jefe, disfruta esta etapa de su vida y construye su futuro; es decir: hace lo que quiere hacer, tiene lo que quiere tener y está en donde quiere estar. Toma en cuenta su contexto. Sobre todo, sabe planear y aterrizar en medio del aire de incertidumbre que conoce desde el comienzo de sus días.

Ni Peter Pan, ni Wendy, los treintañeros llevan su sombra bien cosida a los talones.