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Bienestar / Finanzas

Asegura tu independencia financiera

Si quieres gritar: “éste es mi día de la Independencia”, comienza por ser completamente autónomo(a) en lo económico y buscar tus propias alternativas, como poner un negocio por tu cuenta y ya no tener un jefe.

Una de las principales metas que todos deberíamos tener en la vida, tanto solteros como divorciados (e incluso cuando estamos en pareja), es ser completamente independientes en lo que respecta al dinero, por un principio de libertad, de reconocimiento y desarrollo personal. Ahora, si las circunstancias de la vida te han puesto en una de esas situaciones de dependencia económica, es momento de retomar el buen camino.

Objetivo Doble

La independencia tiene que ver, como vemos, con no vivir a costa de nadie más, pero también con asegurarse los medios para sobrevivir (así sea un buen salario), sino garantizar un nivel de vida cómodo y holgado, en el que estén satisfechas todas las primeras estancias de la pirámide de niveles más sublimes, como la creación artística y la dimensión espiritual.

La palabra independencia tiene que ver con no depender ya de un jefe, sino hacer de uno mismo su propio jefe, emprendiendo un negocio que nos de total libertad, nos emancipe de los horarios de oficina y nos permita ir creciendo cada vez más en lo económico, de modo que nuestra vejez esté garantizada. Así que la palabra independencia, que se refiere al objetivo doble de no depender económicamente de nadie, pero también de ser autónomo en cuanto a tener un negocio, es la que hay que enarbolar como nuestra auténtica bandera.

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Si tienes una idea para un negocio, puedes hacer el examen FODA de tus Fortalezas, Oportunidades, Debilidades y Amenazas, tanto en tu perfil como emprendedor como en el producto o servicio que pretendes lanzar al mercado:

  • Fortalezas: En un mundo de tanta competencia, es todo lo que te da puntos a favor, como las habilidades que tengas en la profesión que manejas y la experiencia laboral que tengas; pero no sólo eso, sino tus aptitudes para realizar otras cosas, como deportes, idiomas o incluso pasatiempos, que de ahí es donde salen muy buenos negocios. También entran aquí los contactos que tengas, tanto laborales como personales, que llegan a ser auténticos activos a la hora de emprender.
  • Oportunidades: Aquí se ubica todo lo relacionado con ventanas que sólo se abren por un periodo, pero que hay que aprovechar, como una necesidad que se detecte en el mercado, un mal servicio generalizado en los potenciales competidores que no ha sido atendido, una posible sociedad con un inversionista al que le ha entusiasmado tu idea, una asesoría especializada que puedas obtener sin costo, un apoyo gubernamental para la formación de una PyME (Pequeña y Mediana Empresa), etc.
  • Debilidades: Una de ellas puede ser la falta de capital, pero eso se puede subsanar con un buen Business Plan, capaz de atraer a otros inversionistas. Pero eso es algo evidente: aquí tienes que ser muy honesto y determinar qué áreas de oportunidad tienes por resolver. Las debilidades, como las fortalezas, son más internas que externas. El ímpetu y arrojo para desarrollar una idea es definitivamente una fortaleza interna, por ejemplo, y la falta se asertividad o falta de buena administración es una debilidad que tiene que ver más con lo que pasa a nivel psicológico pero que, afortunadamente, se puede subsanar trabajando con ello a nivel interno o en terapia, por una parte, y por otra, a nivel de negocio, contratando a la gente adecuada para que nos ayude con esas áreas en las que no somos precisamente expertos o duchos. Lo importante es tener la honestidad y la sabiduría para poder verlo claramente.
  • Amenazas: Como son de carácter externo, tienen que ver con las condiciones específicas del mercado, el cual puede estar en estos momentos deprimido sobresaturado, y eso representa una amenaza. Puede haber demasiada competencia y guerra de precios en el segmento en donde queremos invertir, y eso también constituye un desafío externo importante. Como en el caso anterior: el tener el conocimiento del mercado y la honestidad para nombrarlos y analizarlos (no dejándose llevar sólo por la buena idea que tengamos para poner el negocio), es fundamental.

Debes saber que no todos los mercados se deprimen y saturan al mismo tiempo, ni siquiera en tiempos de crisis. Eso tenlo muy claro porque significa que siempre hay oportunidades: el declive de una industria puede ser el auge de otra.

En tiempos de recesión, para citar tan sólo unos casos, la industria del entretenimiento florece, así como la de la comida económica, los enseres básicos y los servicios profesionales que ayuden a las empresas a reducir sus costos. Éstos y muchos otros nichos florecen cuando los demás están en declive.