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Especial / Finanzas

Adiós freelance, bienvenido freework

Los baby boomers, estos adultos que lograban independizarse financieramente con mayor facilidad, gozaron también de las mieles de un esquema de jubilación, inexistente hoy en día.

Las generaciones posteriores (X, de entre 30 y 40 años de edad, y Y, de 20 a 30) han tenido que malabarear las nuevas condiciones para emplearse en lugares que les ofrezcan desarrollo profesional, mantener ingresos que cubran sus gastos básicos, conseguir –con suerte– prestaciones mínimamente superiores a las de la ley y una carga de trabajo razonable que les permita recordar, de vez en vez, que existe vida más allá de su cubículo.

Ante este panorama, cada vez más personas deciden renunciar a la “estabilidad” de un contrato y a la subvención mensual de café, para empezar a vender sus skills al precio que les parece más justo, en los proyectos que más les interesan, dentro de su propio espacio y sin temor a ser castigados porque su estilo no comulga con el dress code establecido.

“Nadie es indispensable” es una de las amenazas favoritas de los jefes y, aunque nos duela aceptarlo, es verdad. La diferencia es que la fuerza laboral ahora se ha convertido en su propio medio de producción.

Los freelancers ya no son sólo ese grupo que alguna vez formó parte de una organización empresarial y migró al sistema independiente, se ha sumado también una importante cantidad de personas que, desde que comienzan a generar ingresos, lo hacen por esta vía.

Además, ahora muchos adultos jóvenes no sólo prescinden de la educación universitaria –un fenómeno que, cabe decir, se fortaleció con el surgimiento de figuras exitosas como Steve Jobs y Mark Zuckenberg, dueñas del mundo en que vivimos–, sino que rechazan cualquier acercamiento con el sistema establecido.

Sin embargo, así como los iPros están marcando una nueva dinámica de oferta y demanda laboral –con repercusión a nivel económico, cultural e incluso político–, no podemos dejar de lado la cantidad de huecos legales que el fenómeno está creando y para los que, eventualmente, habrá que buscar una regulación justa. Por ejemplo, al cumplir con el pago de impuestos, los servicios (como seguros de salud o créditos hipotecarios) proporcionados por el Estado tendrían que estar garantizados, entre otras cosas.

Finalmente, no podemos negar que las nuevas generaciones traen bajo el brazo esquemas laborales frescos que exigen dinámicas novedosas y responsabilidades compartidas.

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