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A ti también te da miedo ser exitoso

¿Cuántas veces terminas por dar la razón a otras personas o finges tener la misma opinión sólo por evitar diferenciarte y ser rechazado? Y es que, aunque sea un tema poco hablado abiertamente, el éxito es algo que sigue siendo condenado y motivo de envidia ante los demás. Festejamos el triunfo del vecino, pero en el fondo, nos altera saber que no se trata del nuestro. Analizamos cómo es que esa persona logró tal cosa si nosotros somos más inteligentes, tenemos mejor corazón y trabajamos más. Y en este escenario, ¿quién quiere lidiar con el coraje de los otros?

Unirte al criterio de los demás con la intención de no llamar la atención, es una forma de autosabotaje y, clínicamente, se llama Síndrome de Salomon (en referencia al psicólogo estadounidense Solomon Asch, que lo estudió). Desde evitar dar tu propio comentario en una mesa en la que todos tienen un criterio distinto, hasta ceder a las órdenes de tu jefe, sabiendo que está equivocado; todas esas conductas que adoptamos voluntariamente para evitar ser diferente al entorno que te rodea son parte de este síndrome.

Esta condición refleja una baja autoestima y, en consecuencia, la necesidad de sentirte aceptado a costa de lo que sea, incluso de nosotros mismos.

De acuerdo con la psicóloga española María Dolors Mas Delblanch, el primer paso para salir de este círculo vicioso -en el que no triunfamos y no dejamos triunfar- es dejar de preocuparnos por las opiniones externas. Es justo la particularidad de cada persona la que en conjunto nos hace iguales; ¿por qué pensar que las metas ajenas son las mismas que las nuestras? y ¿por qué sentirnos inferiores al no alcanzar algo que no queremos?

Dejemos de tener miedo a lo que somos capaces de hacer. Tal y como lo decía el escritor británico James Allen “Para obtener el éxito verdadero hágase estas cuatro preguntas: ¿Por qué? ¿Por qué no? ¿Por qué no yo? ¿Por qué no ahora?”