Bienestar

10 Retos de la vida que sólo los solteros entienden

En la actualidad, la vida en soltería empieza a dejar de ser un mito, un sueño, un imposible, y menos aún, una catástrofe. Ser soltero hoy es una posibilidad de vida válida, una conquista, una tendencia, una elección.

La transición a un estilo de vida como solter@s implica retos importantes: primero, porque la vida misma tiene una serie de desafíos en su recorrido, y segundo, porque estos desafíos se acentúan cuando la cultura dominante sigue privilegiando la idea de que el matrimonio “forever” y la familia nuclear “intacta” son los caminos de la “estabilidad y el éxito”.

<<Hay que derrumbar creencias>>

Somos, inevitablemente, moldeados por el entorno en el que crecemos: familia, escuela, comunidad, sociedad, época histórica con sus consecuentes paradigmas en puerta, entre muchos otros aspectos.

Sin embargo, hay que cuestionarse las propias creencias anquilosadas, de lo contrario, podrían repetirse los roles del “soltero tradicional”: triste, incompleto, y al servicio del trabajo o la familia porque no tiene una vida propia.

Superación de rompimientos amorosos
Quienes son arrojados a la soltería por una separación no deseada, además de la frustración y el resentimiento que les produce su estado, albergan sentimientos de enojo, de depresión y de angustia que tienen que superar. No obstante, necesitan trabajar la inseguridad personal que produce sentirse “dejado” para hallar las virtudes de su nuevo estado civil. Asimismo, aquellos que deciden terminar con la relación, deberán aprender a manejar la dosis de culpa que su decisión implica. Para ambas partes, es un camino que necesita repararse y cada uno debe sanarlo por su cuenta.

Presión y señalamiento social
Capotear los mandatos culturales que favorecen el “cada oveja con su pareja”no es nada sencillo. Constantemente se reciben “sugerencias” de ciertos amigos, familiares, e incluso se nos bombardea en los medios, y lo vemos hasta en los privilegios económicos, patrimoniales y laborales que destacan desde lo “malo” de no tener pareja, hasta lo inadecuado de no sentar cabeza y casarse de una vez por todas.

La supremacía conyugal observa la vida en s1ngular más como una “expulsión del paraíso terrenal” que como una elección digna y apetecible. Esto ha llevado a un gran colectivo de personas a pensar que los solteros son raros, inmaduros, egoístas, infelices, poco comprometidos, incompletos, superfluose infantiles, ideas y prejuicios absolutamente erróneos e injustificados.

Ciclos de cambio
Para poder integrar una forma diferente de vida (fuera de la “norma” tradicional) hay que estar dispuesto al cambio, tener apertura a la movilidad y la capacidad de soltar. Esto no significa que la soltería implique una sucesión de experiencias banales y poco comprometidas, más bien es el aplomo de vivir con intensidad y responsabilidad la experiencia elegida y tener el coraje de saber dejar ir cuando el ciclo de lo vivido llegó a su punto final.

Aceptación de la incertidumbre
Si bien la incertidumbre es parte de la vida de cualquiera, quienes viven en una “pareja estable” creen transitar un trayecto bien definido y un futuro asegurado (¡cuántos no se dan un frentazo cuando descubren que “fíjate que siempre no”!). A los solteros, en cambio, si bien planean, desean, emprenden y logran, los visita con más frecuencia la estimulante (e inquietante) pregunta: “¿cómo será mi vida a lo largo del tiempo?”.

Soltería “forzada”
Los solteros que ya han tenido un matrimonio o una pareja formal se consideran de “mejor estatus” que los que nunca han estado en una situación así. Pareciera que el estigma de la soltería baja de tono si tuviste un matrimonio previo, porque eso de nunca, nunca, nunca haber estado casado es medio sospechoso. De ahí que muchos solterazos experimenten una mayor inadecuación interna y presión externa.

¡No falta el que se sube a cualquier “tren” con tal de poner paloma al pendientito! En esos casos no impera el “más vale solo que mal acompañado”, sino el “más vale mal casado que soltero”. ¡Qué horror!

Manejo de la soledad
La soledad tiene una pésima fama porque con frecuencia se la empata con la idea de aislamiento o desolación. El aislamiento (a diferencia de la soledad) es traumático: somos seres sociales que, de una u otra forma y con mayor o menor necesidad de convivencia, requerimos del intercambio con los otros, tanto para sobrevivir como para construirnos como personas. Es distinto estar solo y poder hacerlo (incluso disfrutarlo) contando con la posibilidad de interactuar, convivir, solicitar ayuda y dar cariño, a no tener a quien recurrir en caso de desear compañía o necesitarla.

Por otro lado, la desolación tiene que ver más con la interpretación que le damos al hecho de no tener pareja (y a veces hijos), desde la visión de la cultura dominante. Pero, independientemente de que decidamos estar con alguien, ser padres o no, aprender a vivir en soledad es tarea básica para cualquier ser humano. Es en la soledad donde nos relacionamos con nosotros mismos, donde construimos la autonomía necesaria para crecer y el espacio donde planeamos quienes queremos ser.

Construcción de redes sociales
Puede ser lastimoso y frustrante querer seguir encajando en antiguos grupos que se sostienen en estilos de vida que invisibilizan la vida en soltería, de ahí la necesidad de soltar espacios que restan más de lo que aportan, al tiempo de construir nuevos ambientes que respondan a la persona que son en su presente. Sobra decir que un soltero ajeno al mundo virtual queda fuera de infinidad de intercambios y encuentros propios de la s1ngularidad: ¡los solteros están en las redes! Así que a navegar en ellas.

Incorporar el error
La libertad que tienen los solteros facilita el despliegue de vivencias que se construyen a base de “prueba y error”: experimentan más, se equivocan más, pero aprenden más. Sin embargo, aceptar los errores y continuar requiere de un trabajo de seguridad personal, de medir los riesgos, y de capacidad de recuperación.

Es reto especial de los solteros aprender a no vivir como fracaso los errores que, inevitablemente, se cometen en el camino.

Crianza compartida
El sufrimiento es parte de la vida y no podemos erradicarlo de la de nuestros hijos. Sin embargo, un divorcio no tiene por qué dejar huellas traumáticas en los hijos: será una experiencia dolorosa, sí, pero también un ejemplo de corresponsabilidad, y de la posibilidad de transformar una familia nuclear intacta en una funcional y amorosa binuclear.

Ser soltero no es estar disponible todo el tiempo
Un reto de la soltería es poner límites a las personas que creen que por no tener pareja se está disponible para la exploración sexual o para cualquier plan (que incluye incluso cuidar a los sobrinos o acompañar a tu tía-abuela al doctor).

Cómo explicar que la s1ngularidad se trata de poder disponer de más tiempo libre para uno mismo, para los proyectos personales, para las elecciones preferidas. Una cosa es estar dispuesto a ciertas experiencias diversas, pero otra muy distinta a una disponibilidad incondicional de satisfacer las necesidades de los demás.